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sta espléndida casona del siglo XIX fue reconstruida hacia 1865 por su propietario don Ramón Suárez Inclán, quien fuera abuelo materno del célebre novelista cubano Ramón Meza Suárez Inclán, a cuya […]

sta espléndida casona del siglo XIX fue reconstruida hacia 1865 por su propietario don Ramón Suárez Inclán, quien fuera abuelo materno del célebre novelista cubano Ramón Meza Suárez Inclán, a cuya familia perteneció desde entonces y hasta entrado el siglo XX. Sin embargo, se conoce por un asiento de la Antigua Anotaduría de Hipotecas que ya en el siglo XVIII, exactamente en 1777, existía en el lugar un solar con su fábrica perteneciente a José Nicolás de los Reyes.

Al parecer se reedificó a finales de esa centuria, cuando en 1784 ya se describe como una casa alta y baja, de rafas, tapias y tejas, sobre la cual, su propietario en esa fecha, don Andrés Valderrama, Capitán de Navío de la Real Armada, impuso sobre ella varias hipotecas. Por los diferentes impuestos se conoce que este señor habitó por largo tiempo el edificio de Aguiar y Obrapía, el mismo que entre 1796 y 1809 aparece descrito como una casa alta y baja, señalada con el número 75 de la calle Aguiar haciendo esquina a la de Obrapía.

Asimismo, el Cuaderno con los apellidos de los dueños de las fincas urbanas de La Habana en 1812, registra aún como propietario y habitante del inmueble a don Andrés Valderrama, quien también ocupaba las cinco accesorias que tenía la casa para esa fecha. A partir de 1821 la casa es vendida en tres ocasiones hasta que en 1864 la adquiere don Ramón Suárez Inclán, quien transformaría la vivienda con los códigos imperantes de esa centuria. Un monograma en la reja del balcón corrido testimonia las obras bajo el dominio de su propietario en esta época: R.S. Inclán. 1865.

Monograma en la reja del balcón corrido
Monograma en la reja del balcón corrido

En 1870 falleció Suárez Inclán y su viuda y albacea doña Antonia González del Valle, obtuvo la propiedad de la finca hasta que muere en 1873 y entonces sus bienes son divididos entre sus hijos Manuela, Dolores y Ramón Suárez Inclán y González del Valle, quedando en manos de este último la propiedad de la casa Aguiar No. 100. En 1886 y 1888 este señor, quien residía en la calle Cuba No. 31, hipotecó la vivienda por la cantidad de 1 600 pesos en oro que le habían dado a préstamo Matías y Ramón Meza y Suárez Inclán, ambos vecinos de Guanabacoa y sobrinos suyos.

Es muy posible que don Ramón no haya podido satisfacer la hipoteca completamente y terminó vendiendo la casa a uno de sus acreedores –don Ramón Meza y Suárez Inclán–, en precio de 25 120 pesos en oro, en 1895. No obstante, la hipoteca a favor de Matías Meza y Suárez Inclán se mantuvo hasta que, en 1912, doña Dolores Suárez Inclán y Vargas Machuca, viuda de don Ramón Meza y Suárez Inclán, pagó la cantidad de 1 132 pesos que gravaban esta finca.

Esquina de Aguiar y Obrapía
Esquina de Aguiar y Obrapía

Es en estas inscripciones de principios del siglo XX que aparece una referencia más detallada de la casa, cuyos anteriores asientos solo mencionaban una casa “alta y baja”. A propósito de un nuevo título presentado en el Registro de la Propiedad así se describió: “Casa situada en esta ciudad en la acera oeste de la calle Aguiar marcada con el número ciento, haciendo esquina a la de Obrapía, completando la manzana la de Obispo y Habana, construida de mampostería, cantería y azotea, de alto y bajo con entresuelo, dos accesorias y arrimos propios, que mide 13 m, 992 mm de frente por 36 m, 175 mm de fondo, que hacen una superficie de 506, 16 cm cuadrados, y linda por la derecha con la calle de Obrapía a la que hace esquina, por la izquierda y espalda con la casa número 98 de la calle de Aguiar de Don Manuel Calvo”.

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La razón de ese nuevo registro se debió al fallecimiento de don Ramón Meza y Suárez Inclán el 5 de diciembre de 1911, quien había testado el 28 de agosto de 1903, donde declaró estar casado con doña Dolores Suárez Inclán y Vargas Machuca, de cuyo matrimonio habían nacido cuatro hijos, y solo vivía uno nombrado José Ramón Feliciano. Instituyó también por sus herederos a los hijos que procreara en unión matrimonial hasta el día de su fallecimiento. Y resultó que posterior a la referida fecha de su testamento, nació su hijo Fernando Meza y Suárez Inclán el 8 de abril de 1908, por lo que su madre promovió esta inscripción para incluirlo como beneficiario del patrimonio del padre. Así, Dolores Suárez Inclán y Vargas Machuca se adjudicó, junto a sus hijos, el dominio de esta finca en diferentes participaciones y por título de herencia.

Un dato interesante que aporta este asiento es que Dolores Suárez Inclán y Vargas Machuca era  “vecina de Aguiar ciento”, es decir, vivía en esta casa con sus hijos, por tanto es muy posible que el reconocido escritor don Ramón Meza y Suárez Inclán cuando adquirió la casa de su tío Ramón Suárez Inclán, en 1895, se trasladó de Guanabacoa a La Habana. Por esa época, el autor de Mi tío el empleado, entre otras muchas actividades intelectuales, se desempeñaba como catedrático de la Real y Literaria Universidad de La Habana. Justo en 1895, Meza fue nombrado profesor supernumerario de la facultad de filosofía y letras, por lo que no es difícil suponer que se le hacía más fácil desarrollar sus diligencias profesionales cerca de esta vivienda y no en la de Guanabacoa. Máxime, si su presencia se hizo cada vez más necesaria en el colegio universitario instalado entonces en el conjunto religioso de los padres dominicos, el cual ocupaba la manzana comprendida entre las calles Obispo, Mercaderes, O’Reilly y San Ignacio.

Ramón Meza Suárez Inclán
Ramón Meza Suárez Inclán

En 1899 Ramón Meza había sido designado profesor de literatura española en la misma facultad y al año siguiente profesor auxiliar de la escuela de pedagogía. En los días de la ocupación miliar norteamericana fue Subsecretario de Justicia y Concejal del Ayuntamiento de La Habana, cargo al que le sucedieron otros nombramientos, incluyendo el de Secretario de Instrucción Pública del gobierno de José Miguel Gómez (1909-1913). De modo que, probablemente, el destacado novelista cubano vivía en esta casa cuando murió en 1911.

En los años que la familia Meza-Suárez Inclán habitó el edificio este acogió, mayormente en los bajos, diferentes actividades comerciales. Por ejemplo, la Guía-Directorio del comercio, profesiones e industrias de la Isla de Cuba, de 1902, relaciona  la oficina de los hacendados Jorge y Ramón Ajuria; la barbería La Perla, de Salvador García; la sociedad de seguros sobre la vida La Equitativa de Vicente M. Julve; el bufete de los abogados Pedro Arango y Adriano Troncoso, y señala a don Ramón Meza y Suárez Inclán como abogado, propietario y secretario de la Sociedad Económica de Amigos del País. A estos mismos arrendamientos la Guía de La Habana, en 1909, suma los establecimientos de Redding W. H. y Carlos Theyex, hacendado y catedrático. Los directorios comerciales hasta 1914 refieren la permanencia de los mencionados negocios.

Se infiere por los asientos del Registro de la Propiedad que la familia residió en Aguiar No. 100 hasta los primeros años del siglo XX, pues en 1916 vendieron la casa, en 70 000 pesos oro oficial, a Enrique Pascual y Pereira, español, hacendado y vicepresidente de la Liga Agraria de la República de Cuba y vecino de Aguiar No. 98, o sea, el edificio colindante. Para esa fecha la viuda e hijos de Ramón Meza radicaban en la calle B, No. 2, –tal vez, luego del fallecimiento del patriarca, se trasladaron al floreciente barrio del Vedado.

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