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La llegada de Internet ha revitalizado el valor de la telefonía fija en Cuba, que, en los últimos años se encontraba totalmente estancada. Tras las famosas asignaciones e inversiones que […]

La llegada de Internet ha revitalizado el valor de la telefonía fija en Cuba, que, en los últimos años se encontraba totalmente estancada. Tras las famosas asignaciones e inversiones que multiplicaron las líneas fijas, ETECSA abandonó por completo esa política de desarrollo para centrarse en la expansión de la telefonía móvil, un negocio que le permitió obtener ganancias descomunales en comparación con la telefonía fija (subsidiada y difícil de mantener).

Tanto fue así que, en los últimos años, la telefonía fija apenas avanzó en Cuba y el número de líneas en las casas se vio casi triplicado en pocos años por la telefonía móvil.

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Que el número de líneas fijas fuera tan fácilmente rebasado por las móviles se explica por lo engorrosos y burocráticos que resultaban (y aún resultan) los trámites relacionados con la propiedad de un teléfono fijo.

En Cuba tener un teléfono fue casi un privilegio por muchísimos años y los clientes se dividían de dos clases: los que habían contratado el servicio antes de 1959 y los que los habían recibido después por servicios prestados al Gobierno. Los demás no podían ni soñar con poseer un teléfono particular y debían conformarse con los públicos (que siempre se caracterizaron en la Isla por su mal servicio) o pedir un favor al vecino “privilegiado”.

Con la llegada del Período Especial, se relajó la vigilancia que el Estado cubano ejercía sobre sus ciudadanos y crecieron las carencias de estos.

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Los que poseían un teléfono descubrieron que podían ganar algunos pesos con él y comenzaron a vender extensiones a los vecinos que no tenían y que podían pagar. Estas eran, por supuesto, ilegales y se vendían por unos 10.00 dólares mensuales. Era un negocio bastante “incómodo” pero permitía resolver a las dos partes.

Sin embargo, con la llegada de la telefonía móvil fueron disminuyendo los interesados y los dueños de los teléfonos se vieron obligados a venderlos a precios cada vez más bajos; sobre todo después que el gobierno de Raúl Castro autorizó la libre compra – venta de estos: Un teléfono fijo – que en sus mejores tiempos llegó a alcanzar entre 1 000.00 y 1 200.00 dólares – terminó costando unos 500.00 ó 600.00 dólares.

La llegada de Internet a través del servicio de Nauta Hogar ha revitalizado el deprimido comercio de venta de líneas y ha vuelto a despertar el interés de los clientes por poseer una línea fija.

Sobre todo para los que poseen negocios privados poseer Internet en casa a través de la línea telefónica resulta una gran ventaja.

Mas, algunos se mantienen cautelosos y esperan la llegada de la conexión por datos para poder comparar cuál variante de acceso a Internet resulta más barata y económica. Si el acceso por móvil llega “muy caliente” el mercado de telefonía fija pudiera continuar en ascenso; si, por el contrario resulta más económico que el Nauta Hogar, entonces caerá de nuevo y las personas irán perdiendo el interés en adquirirlas, como sucede en todos los países del mundo que no aplican subsidios a este servicio.

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