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José Miguel Battle, el “Padrino” de la mafia cubana llegó a Estados Unidos en la década de 1970 y hasta el momento de su detención, en 2004, levantó uno de […]

José Miguel Battle, el “Padrino” de la mafia cubana llegó a Estados Unidos en la década de 1970 y hasta el momento de su detención, en 2004, levantó uno de los mayores imperios ilegales conocidos en el país del norte.

Su historia comenzó en La Habana, cuando aun siendo policía se ligó en la isla a Santos Trafficante y aprendió los métodos de la mafia para gobernar el negocio, el know how del tráfico de drogas y el juego.

Battle abandonó el país natal a raíz de la caída de Batista, refrescó en Miami sus contactos con la Cosa Nostra y comenzó a operar la lotería, utilizando los mismos cruentos modos aprendidos de la Mafia, que no eran tan necesarios en La Habana, pero sí en Estados Unidos.

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Conocido por algunos como El Padrino, Battle dominaba con la violencia el mundo latino de las apuestas, era particularmente cruel con sus competidores, se le atribuyen más de 30 asesinatos e incendios premeditados sin resolver. Sólo en la ciudad de New York se señalan l8 homicidios cometidos entre l98l y l983, vinculados a “La Corporación”, nombre del grupo criminal de 2,500 miembros que el dirigía.

Comenzó sus actividades en Nueva Jersey como una red de apuestas ilegales -centrada en una lotería ilegal llamado en Cuba “la bolita”-. Más tarde extendió su radio de acción hacia el sur y el oeste de Florida, y llegó a tener influencia en Nueva York y América Latina, donde sus actividades se ampliaron hasta la importación de cocaína y marihuana, los incendios provocados y el blanqueo dinero.

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Pisó la cárcel por primera vez por un proceso en 1970 por la muerte de Ernesto Torres y otras acusaciones, Battle fue condenado a 34 años de prisión, de los cuales, por inexplicables razones, sólo cumplió 18 meses.

Estando libre en Nueva Jersey recurrió a sus antiguos amigos de la Cosa Nostra e inició sus operaciones de juego en gran escala por los barrios de cubanos. Una parte de las ganancias era tributada desde entonces a los jefes de la Mafia italo-norteamericana del Este, con quienes negoció un acuerdo a través de Santos Trafficante y Joseph Zicarello.

Cada semana una caravana de vehículos de “La Corporación”, con custodios armados, viajaba de un lugar a otro recogiendo las ganancias, que sólo en New York ascendían a 45 millones de dólares anuales. Battle fue arrestado varias veces en esos años y enfrento cargos como secuestro y agresión, además de otras actividades ilícitas, pero en conjunto sólo cumplió 31 meses de cárcel.

Al salir de prisión, Battle se trasladó a Madrid, desde donde continuó dirigiendo las operaciones de “La Corporación” a través de mensajeros. Regresó después a Estados Unidos para sufrir otra de sus tres condenas.

El Padrino compró en Miami una mansión y hacienda de 19 acres, enclavada en 17249 SW de la calle 192, que poseía árboles frutales, piscina, cría de gallos de pelea y perros. Allí vivió con tranquilidad hasta el año 2004 cuando se le presento un caso federal por conspiración a él, su hijo José Manuel y otros tres procesados. Fueron hallados culpables en julio de ese años de haber cometido de forma premeditada cinco asesinatos, cuatro incendios intencionales que provocaron ocho muertes, y de haber amasado una fortuna superior a los $1,500 millones que se recaudaron durante cuatro décadas de actividades criminales, entre ellas tráfico de drogas, teneduría ilegal de libros y juego ilícito.

Sabiéndose enfermo y en estado terminal se declaró culpable en 2006 y aceptó integrar y dirigir una de las mayores organizaciones criminales de Estados Unidos, “La Corporación”. Pagó un millón de dólares y se regresó a su casa a esperar la sentencia firme del juzgado, de 20 años de cárcel. No cumplió ninguno, José Miguel Battle, conocido como el “padrino” de la mafia cubana, murió en agosto del 2007 a los 77 años de edad en la cama del hospital de Carolina del Sur. Su abogado defensor, Jack Blumenfeld, reconoció ante varios medios estadounidenses que su cliente había aceptado declararse culpable para “poder morir en su casa”.

El Padrino Cubano


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