El nuevo FM español afronta el reto de superar la confianza de Marruecos |

Rabat – El primer ministro español Sánchez anunció este sábado la destitución de la canciller Aranza González Laya, que según los analistas estalló en su reloj como consecuencia de la reciente crisis diplomática entre Madrid y Rabat.

Fuentes diplomáticas dijeron a la revista Arab Weekly que la selección de José Manuel Albarez, ex embajador en París, como nuevo ministro español de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación fue una apuesta para obligar a los franceses a actuar con rapidez. En crisis con Marruecos.

Las mismas fuentes especulan sobre la posibilidad de un papel francés para facilitar la tarea del nuevo canciller, aunque sea de forma indirecta. Además de estar cerca de quienes toman las decisiones en el Palacio del Elíseo, Albarez es visto como un diplomático experimentado que está bien versado en los temas. Además, conoce las condiciones en Marruecos y su papel en la región mediterránea.

La prensa española retrata al nuevo ministro de Exteriores como un diplomático experimentado que utilizará su experiencia y sus dotes diplomáticas para intentar reconstruir la confianza entre su país y Marruecos.

El primer ministro Sánchez espera mucho de su nuevo ministro de Relaciones Exteriores y asesor, que ha ocupado varios cargos de alto nivel en el pasado, incluido el de Director General de África (en funciones), el Director General Adjunto de África Subsahariana y el director de la Agencia Española de Cooperación para la Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID).

Aranja González Laya fue responsable de la continuación de la crisis con Marruecos. Los políticos de la oposición no son los únicos culpables de su fracaso a la hora de gestionar la brecha entre Rabat y Madrid.

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Reda El-Falla, profesora de derecho internacional, dijo a The Arab Weekly: “Debemos separar la responsabilidad personal de la responsabilidad del gobierno por manejar mal la crisis diplomática con Marruecos”.

Agregó que “la parte española tiene un respaldo oficial de que las decisiones que provocaron las firmes reacciones de Rafat son inconsistentes con las constantes de la política exterior del Estado español contra sus vecinos del sur”.

Poco antes de su destitución, Aranza González Laya destacó que “la posición del actual gobierno de coalición sobre el tema del Sahara no ha cambiado y no cambiará en el futuro”.

“La política del gobierno español se basa en principios inseparables como la protección del pluralismo y el respeto a la justicia internacional”, subrayó.

“Si tenemos en cuenta la toma de decisiones exterior de España, especialmente cuando nos enfrentamos a decisiones que reflejan una hostilidad tan alta, estas decisiones no pueden ser tomadas solo por la Cancillería, sino por muchos agentes y actores”, opina Falla.

Añadió que después de que la diplomacia marroquí demostrara su capacidad para apoyar el comportamiento hostil de Madrid y para reconocer y condenar sus prácticas, “este despido se convertirá en una táctica de camuflaje del gobierno español”.

La brecha diplomática entre Madrid y Rabat se vio agravada por el hecho de que Ibrahim Khali, el líder del Frente Policario, pudo ingresar a territorio español para recibir tratamiento médico cuando utilizó un pasaporte falso.

El Ejército del Aire español ha admitido que no pretendió examinar el pasaporte del líder del Frente Policario en la base de Zaragoza, ya que en una carta oficial dirigida al Poder Judicial español se decía que el permiso para la vacante procedía de la Cancillería.

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Desde el punto de vista de los observadores españoles, la actitud de Aranza González Laya durante este asunto fue extender la responsabilidad en todo el Gabinete y agencias gubernamentales por permitir que Kali ingresara a España con una identidad falsa. Se puede considerar un delito con una lista de sospechosos y cómplices.

Se espera que la tarea del nuevo ministro de Relaciones Exteriores sea difícil y complicada. No es fácil corregir los catastróficos errores del gobierno español y recuperar la confianza perdida en él y en el poder judicial, así como cambiar la marcha de la Cancillería, especialmente de Marruecos, para hacer frente a los numerosos y urgentes problemas a los que se enfrenta España.

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