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Ramiro Santana Martínez vive a metros de donde cayó el avión de Global Air que arrendaba Cubana de Aviación. En su barrio nadie lo conoce por su nombre, todos le […]

Ramiro Santana Martínez vive a metros de donde cayó el avión de Global Air que arrendaba Cubana de Aviación. En su barrio nadie lo conoce por su nombre, todos le llama Chichi. Es un hombre pequeño y delgado, de 46 años. Aunque fue cocinero por muchos años, actualmente trabaja como cuenta propista en la construcción.

El equipo de periodistas llego a su casa sobre las cinco de la tarde del pasado sábado. Su madre que los recibió les confeso: “Él no ha almorzado, no ha comido nada en todo el día”.

“Venía del trabajo. De un momento a otro siento la explosión y veo el humero ese y salgo corriendo porque pensaba que el avión había caído aquí, en mi casa, donde estaban mi mamá y mi hermano.”

“La explosión fue grandísima, un estruendo muy grande”. Otras se sucedieron mientras estaba en la casa. Su primera reacción fue asegurar el balón del gas. “Vi que todo estaba bien y enseguida salí para donde estaba el avión, loco por ayudar”.

Su casa es lo más cerca que se puede llegar de la zona del desastre, después de allí está el cordón policial.

El Boeing 737-200 estrellado en Cuba era una pieza de museo, asegura experto en aviación

“Había llamas y se escuchaban todavía algunas explosiones. Había varias personas, empezamos a mirar y vimos a alguien como moviendo una mano. Un muchacho que estaba al lado mío me dijo “¡hay uno moviéndose ahí, vamos pa adentro!”, y yo le digo “¡vamos!”, entonces los paramédicos y los bomberos nos advirtieron que no nos metiéramos ahí, que las explosiones, pero el muchacho y yo nos metimos.”

Ropa que llevaba puesta Ramiro Santana Martínez, Chichi, cuando se unió a las labores de rescate tras el accidente aéreo.

“Un compañero que trabaja ahí en el aeropuerto nos ayudó a levantar las ramas, y sacamos a la persona. Yo saqué tres, dos hombres y una muchacha.”

Al llegar encontró un avión sin alas, partido por la mitad. La parte más grande cayó en un sembrado de yuca y la otra sobre un vivero, donde no había nadie.

“Por donde había un pedazo del avión, había candela. Ahí fue donde yo me metí, donde estaba lo gordo de verdad.”

“Cuando llegué ya estaban los bomberos, la policía y todo. Había como veinte personas, y todo el mundo quería ayudar, pero la policía nos tenía parados, era muy peligroso, como tres o cuatro fuimos los que nos metimos ahí adentro y empezamos a sacar esos cuerpos con vida. Yo no los conozco, la primera vez que los vi fue en el accidente, pero estábamos aquí y cooperamos.”

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La suerte o la justicia quisieron que saliera ileso. Después de él otros se pusieron a ayudar como pudieron, hasta que las autoridades, para su propia protección, los apartaron y se hicieron cargo, pero la situación no era prometedora.

“Aquello olía a quemado. Había cadáveres incinerados. Las personas que sacamos tenían quemaduras graves, estaban en muy mal estado. Cuando llegué a la casa le dije a mi mamá: ‘difícil que lleguen con vida’. Yo los llevé hasta la misma ambulancia. Salvo la muchacha, los otros no daban ningún otro signo de vida, más que su respiración.”

Lugar del accidente de avión de Cubana

Más información de Cuba sobre el avión que se estrelló en La Habana.Para las últimas actualizaciones, visite: https://www.islalocal.com/un-boeing-737-de-cubana-airlines-se-estrello-mientras-despegaba-del-aeropuerto-de-la-habana/

Posted by Todo Cuba on Friday, May 18, 2018

“Lo primero que vi cuando llegué fue gente ardiendo. Nadie gritaba. Vi a una madre que murió con su niño en las piernas.  Casi no tuve tiempo de fijarme en nada, ni en la sangre. La sangre me la vine a ver después, en los guantes, las piernas, los zapatos. Lo mío era estar ahí. Tengo la ropa metía en el tanque aquel pa que se le vaya toda la sangre, pero incluso me huelo y siento todavía ese el olor tan fuerte.”

Aún conserva la ropa que traía puesta. Un pullover de mangas largas, un short, medias, guantes y zapatos. El agua los ha limpiado.

Algunos de los primeros que llegaron al lugar del desastre, móvil en mano, fueron los curiosos. Muchas de sus imágenes, por impactantes, son impublicables. A estas horas, desgraciadamente, estarán rondando por toda La Habana, vía Zapya, o incluso por el mundo, gracias a internet.

Dicen que, desde El Rincón, templo de San Lázaro, llegó un sacerdote esa tarde a bendecir la tierra. Habrá rezado por las almas de aquellas 104 personas, a las que no pudo salvar ni Dios, ni el hombre.

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